¿Mano dura de papel? Los vacíos y bemoles del nuevo pre-reglamento que busca expulsar a escolares violentos

Por: Redacción Arena Digital Noticias

Lima, 15 de octubre de 2026

El Ministerio de Educación (Minedu) ha puesto sobre la mesa su esperado paquete de lineamientos para la disciplina escolar, una medida que, sobre el papel, prometía sacudirse del laxismo pedagógico y devolverle la autoridad a los directores frente al desborde de agresividad en las aulas. Sin embargo, tras una lectura detallada del documento, queda claro que el remedio corre el riesgo de quedarse a mitad camino: buenas intenciones aguadas por una burocracia asfixiante y soluciones improvisadas.

La norma prepublicada establece un catálogo detallado de faltas graves y muy graves —como el acoso, la extorsión, el porte de armas y las agresiones sistemáticas— que supuestamente abrirían la puerta a la expulsión definitiva del alumno. Pero la gran pregunta que se hacen padres, docentes y especialistas es: ¿de qué sirve anunciar sanciones drásticas si el camino crítico para aplicarlas está plagado de candados legales y requisitos kilométricos?

En primer lugar, el pre-reglamento traslada la responsabilidad a los colegios exigiéndoles un laberinto de evaluaciones previas, atenuantes obligatorios, historiales de conducta y plazos de reconsideración que terminan convirtiendo la expulsión en una misión casi imposible. Mientras el director de un colegio público o privado debe lidiar con un inabarcable engranaje administrativo para no ser pasible de demandas, el estudiante infractor sigue sentado en el aula alterando la convivencia escolar.

Pero el flanco más débil e irresponsable de esta propuesta radica en la salida que se le da al alumno expulsado. Según el lineamiento, los estudiantes separados accederán a una «segunda oportunidad» a través de aulas digitales gestionadas por las UGEL. Una vez más, el papel aguanta todo. ¿Acaso el Minedu vive en una realidad paralela? Pretender que las UGEL o los precarios colegios estatales absorban con educación virtual a jóvenes violentos —que ya demostraron no acatar normas mínimas de convivencia— es una ocurrencia digna de escritorio que colapsará el sistema en su primer mes de implementación.

No se puede combatir la violencia escolar con paños tibios ni creando «escuelas virtuales fantasma» para deshacerse administrativamente del problema. Si el Gobierno realmente quiere poner orden y respaldar a los maestros, las reglas de juego deben ser firmes, ejecutivas y reales, no un saludo a la bandera lleno de trámites que termina premiando la impunidad. La disciplina no se decreta con manuales burocráticos; se ejerce con autoridad y consecuencias claras.