La historia vuelve a repetirse
Por: Milagros Dias Diaz
Estamos a fines de mayo de 2026 y, desde hace varios años, la historia parece repetirse una y otra vez en nuestro país. Los protagonistas de la política solo cambian de sombrero o, mejor dicho, de atuendo. Ante esto, los electores se preguntarán qué está pasando esta vez: ¿es un problema de la sociedad, de la verdad, de los medios de comunicación, de los «periodistas top» que están al frente de la noticia, o de los opinólogos que fungen de profesionales de la información?
A lo largo de los años, estos personajes repiten el mismo discurso y la misma estrategia, usando un sombrero diferente con el único fin de cambiarnos la careta.
Quizá el problema radique en la falta de oportunidades que sufren muchos peruanos, quienes al no acceder a una educación y preparación de calidad, ven limitada su capacidad para discernir y tomar una buena decisión electoral. O tal vez sea la propia idiosincrasia del peruano, donde se ha impuesto una estrategia comunicacional del «tú a tú» basada en la ley de la empatía; es decir, en el simple hecho de aparentar estar al lado del otro. Es bajo esta lógica que se suele instrumentalizar a los ciudadanos del llamado «Perú profundo» —un término, por cierto, mal empleado para referirse a connacionales cuya preparación formal ha sido escasa o nula—.
Muchos excandidatos no logran encontrar el meollo del asunto. Algunos no están dispuestos a ensuciarse los zapatos y otros, por el contrario, utilizan a la población como carnada política, logrando que los electores caigan como mansas palomas ante discursos de aparente identificación racial, cultural y económica. Sin embargo, este recurso comunicacional solo es utilitario durante las elecciones, ya que para ocupar y ejercer los cargos públicos se requiere de una preparación real.
Esta preparación técnica y académica se traduce en un grado universitario, un respaldo indispensable para no caer en la trampa de la política. Lamentablemente, son pocos los que poseen estos estudios y luego se animan a tentar una curul en el Congreso. No es necesariamente una falta de oportunidades, sino una incapacidad para aprovecharlas, aun sabiendo que vivir en un país con escasas opciones es el doble de difícil para quienes egresan de las universidades nacionales.








