Por: Editorial Arena Digital
A las 8:00 p.m. de hoy, el Perú se paraliza. Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) se verán las caras en el debate definitivo. Uno de ellos gobernará el país a partir del 28 de julio. No estamos ante una elección cualquiera; estamos ante el choque de dos realidades y dos estrategias que revelan lo peor y lo mejor de nuestra fauna política.
Roberto Sánchez: El sombrero de Castillo y las alianzas de la desesperación
Roberto Sánchez llega por sorpresa al balotaje, impulsado por el voto rural del sur y el centro del país. Su campaña ha cabalgado sobre la narrativa de «reivindicación» de Pedro Castillo, el exmandatario destituido tras su frustrado golpe de Estado del 7 de diciembre de 2022.
Sin embargo, la memoria es frágil. Sánchez, actual congresista, estuvo a punto de ser inhabilitado para ejercer cargos públicos, y irónicamente fue salvado en el Parlamento gracias a los votos de Fuerza Popular. Hoy, bajo la bandera de una izquierda que intenta moderar su discurso para no asustar al electorado urbano, busca el sillón presidencial jugando al todo o nada.
En su cálculo de costo-beneficio, los estrategas de Juntos por el Perú han tomado decisiones de alto riesgo:
El factor Antauro Humala: Buscando el voto etnocacerista, de los licenciados del ejército y de la población rural harta del abandono estatal, Sánchez se abraza al líder del «Andahuaylazo» (ocurrido originalmente en 2005). Un personaje que purgó condena por la muerte de policías y que representa un peligroso radicalismo vertical.
El operador Domingo Pérez: El exfiscal José Domingo Pérez, quien persiguió penalmente a Keiko Fujimori enviándola a prisión preventiva en varias ocasiones, ha quitado el velo de la supuesta imparcialidad de la justicia al convertirse abiertamente en vocero del candidato de izquierda.
El error garrafal: La incorporación de Gustavo Guerra García en el equipo técnico. Hermano del desaparecido congresista de Fuerza Popular, «Nano» Guerra García, su problema no es el apellido, sino su pasado como gerente de Susana Villarán en la Municipalidad de Lima. El ala más rancia de la denominada izquierda «caviar» ingresa por la puerta grande a un partido que decía combatir la corrupción corporativa.
Keiko Fujimori: Entre la madurez política y el fantasma del «pactismo»
Por su parte, Keiko Fujimori llega a su cuarto intento presidencial respaldada sólidamente por Lima, el norte, el oriente y sectores del centro. Se nota a una candidata con mayor experiencia, madurez y prudencia para exponer un plan de gobierno estructurado durante años.
La mochila de Keiko es de sobra conocida: el pasivo histórico de los actos de corrupción de los años 90 prohijados por Vladimiro Montesinos. No obstante, su gran activo sigue siendo el recuerdo de la gestión económica de Alberto Fujimori: la estabilidad monetaria, la derrota del terrorismo y la modernización eficiente de entidades clave como la SUNAT o Aduanas.
El peligro oculto de Fuerza Popular: Lo que realmente ensombrece la candidatura de Fujimori hoy son los pactos encubiertos. Para asegurar su pase y gobernabilidad, el fujimorismo ha caído en la normalización de alianzas con grupos de poder que solo buscan mantener el statu quo. Estos acuerdos terminan «hipotecando» el futuro del país, convirtiendo a las oficinas de integridad y programas anticorrupción en meros «cascarones» burocráticos destinados a aparentar que estamos en la línea correcta, mientras la corrupción sigue enraizada.
Veredicto de Arena Digital
Quien gane la presidencia hoy recibirá un país polarizado y herido institucionalmente. Si el próximo gobernante —sea Fujimori o Sánchez— cede ante los pactos oscuros con personajes cuestionables y mafias políticas, el Perú estará condenado a cinco años más de lo mismo: un aparato estatal sin integridad, fragmentado y devorado por la corrupción. Las cartas están sobre la mesa. A las 8:00 p.m., el ciudadano decide a qué peligro prefiere enfrentarse.








