Del 60% al 42%: La factura política del pragmatismo y la improvisación

Por: Redacción Arena Digital

Lima, 18 de septiembre de 2026

Treinta días bastaron para que la confianza ciudadana en el gobierno de Keiko Fujimori sufriera su primer gran remezón. El desplome de 18 puntos en su aprobación —cayendo del 60% en agosto al 42% en septiembre, según Datum— junto al disparo del rechazo al 44%, no es un accidente estadístico ni una fluctuación menor. Es el cobro inmediato de una factura política generada por el pragmatismo sin filtro, la improvisación en los altos mandos y la falta de coherencia ética.

La luna de miel ha sido brevísimo para un Ejecutivo que prometió orden, meritocracia y autoridad, pero que en la práctica ha preferido el blindaje y el reparto de favores.

Las causas del desencanto: Gabinete cuestionado y erosión ética

El desgaste prematuro de la gestión presidencial se sostiene en decisiones políticas concretas que han generado un profundo malestar en la opinión pública:

  • Incoherencia en las designaciones: Nombrar a figuras cuestionadas en puestos estratégicos del Estado —como los recientes escándalos en EsSalud, la SUNAT o los giros en carteras clave— envió un mensaje nefasto a la ciudadanía. La «política de integridad» prometida quedó reducida a un discurso de papel.

  • Falta de manejo ante la inseguridad: A pesar del despliegue mediático en Trujillo y las promesas de mano dura, el crimen organizado, la extorsión y el sicariato no dan tregua. La población percibe que las apariciones de ministros responden más a la búsqueda de la foto oficial que a estrategias reales.

  • Desautorización y fisuras en el equipo: La reciente renuncia de Rafael Rey al MTC, tras ser corregido públicamente sobre la gestión de infraestructura, dejó al descubierto la intransigencia del Ejecutivo y la falta de espacio para perfiles independientes y con criterio propio.

  • Pérdida del voto joven: La caída de 21 puntos en el segmento de 18 a 24 años demuestra que las nuevas generaciones no perdonan la falta de transparencia ni el retorno de las viejas prácticas de la política tradicional.

Un Congreso reactivo y un margen de maniobra que se reduce

El costo de esta erosión social ya se siente en la cancha política. La contracción del respaldo a la solicitud de facultades legislativas y el rechazo en diversas comisiones de la Cámara de Diputados evidencian que el Parlamento no le firmará un cheque en blanco a un Ejecutivo debilitado. Sin el respaldo de la calle, la capacidad de negociación del Gobierno frente a otras fuerzas políticas se reduce drásticamente.

Si el gobierno de Keiko Fujimori insiste en tapar los errores con retórica, minimizar los cuestionamientos a sus funcionarios y anteponer los acuerdos cupulares al rigor técnico, el 42% de hoy será solo el inicio de una pendiente más empinada. El país no necesita un Gabinete atrincherado en el poder, sino un liderazgo dispuesto a rectificar el rumbo antes de que la desconfianza ciudadana sea irreversible.