Ante la beligerancia anunciada por Juntos por el Perú, la virtual presidenta electa enfrenta el reto de mantener el norte estratégico, evitar las cuotas políticas y devolver la meritocracia a unas instituciones debilitadas.
LIMA, 23 de junio de 2026. — Con la confirmación de la postura rupturista adoptada por el congresista y candidato Roberto Sánchez, el Perú avizora semanas de extrema complejidad. Este escenario no solo pondrá a prueba a los organismos electorales y a las fuerzas del orden; desafía directamente la capacidad estratégica de Fuerza Popular, el partido que conduce a Keiko Fujimori hacia el sillón presidencial que ocupó su padre en 1990.
El peligro inmediato de la estrategia de confrontación diseñada por la izquierda es que desvíe la atención de lo verdaderamente urgente. La futura mandataria no puede permitir que la gestión del conflicto social le haga perder el norte de las reformas estructurales que el país exige: combatir la inseguridad ciudadana, frenar la corrupción y superar la parálisis económica.
La oportunidad histórica de la reivindicación
Para Keiko Fujimori, esta elección representa la oportunidad definitiva de reivindicar su legado político tras tres intentos previos. Sin embargo, esta tarea no pasa por la retórica, sino por la eficiencia. El nuevo Ejecutivo tendrá la misión de reactivar los pilares de crecimiento y orden, pero bajo un estricto tamiz de modernización.
Un objetivo central de la nueva administración deberá ser la reestructuración del aparato estatal. Durante años, diversos sectores han denunciado la captura ideológica de ministerios y entidades públicas por parte de tecnocracias vinculadas a la denominada «izquierda caviar» y sus aliados, un proceso que terminó desplazando a funcionarios técnicos honestos y de carrera por no alinearse a consignas políticas. Recuperar la meritocracia y la neutralidad del Estado es una tarea impostergable para devolver la confianza a la ciudadanía.
La legitimidad del nuevo gobierno se construirá barriendo los feudos ideológicos del aparato público, restituyendo a los cuadros técnicos que fueron apartados arbitrariamente.
Firmeza frente a la «repartija»
El éxito de Fuerza Popular dependerá de su capacidad para demostrar madurez y aprendizaje histórico. El equipo de Fujimori Higuchi debe mantener una postura firme y comprender que el soporte político en el Congreso o el Ejecutivo no puede confundirse con una «repartija» de ministerios y entidades públicas. Las alianzas de gobierno deben basarse en planes programáticos y perfiles idóneos, no en el reparto de cuotas de poder que tanto daño han hecho al país en el pasado reciente. Solo unas instituciones limpias y eficientes garantizarán el crecimiento sostenible.
La urgencia del país no admite dilaciones. Es imperativo que la ONPE culmine el procesamiento de las actas restantes para que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) proceda con la proclamación oficial. El Perú necesita que la mandataria electa inicie cuanto antes el proceso de transferencia con el gobierno interino de José María Balcázar. La incertidumbre debe dar paso, de una vez por todas, a la acción gubernamental.








