OPINIÓN | San Pedro, José Olaya y el peso de la fidelidad en un Perú fragmentado

Por: Redacción Arena Digital

LIMA, 29 de junio de 2026. — Cada 29 de junio, el calendario nos sitúa ante una doble conmemoración que define la identidad de nuestra República: la solemnidad religiosa de San Pedro y San Pablo —instituida también como el Día del Papa— y el homenaje al sacrificio del mártir chorrillano José Olaya Balandra. Más allá del feriado tradicional, esta fecha invita a una profunda reflexión sobre la fidelidad a los principios, un valor que parece escasear en nuestra actual y convulsa coyuntura política.

Es innegable que las costumbres familiares en torno a esta festividad, con sus tradicionales procesiones marítimas que unían a las comunidades de pescadores, han perdido algo de ese arraigo profundo que exhibían hasta antes de la década de los 90. Sin embargo, el simbolismo de ambos hitos permanece intacto y nos arroja lecciones urgentes de cara a la transferencia de gobierno que viviremos este 28 de julio.

El mensaje en el mar: La lección de Olaya

Por un lado, la historia nos recuerda a José Olaya, el pescador humilde que se convirtió en el nexo clave de las fuerzas patriotas durante la guerra de la Independencia contra el yugo español. Olaya no solo llevaba correspondencia secreta nadando entre Chorrillos y el Callao; llevaba la esperanza de una nación que buscaba nacer.

Su captura, tortura y posterior fusilamiento en 1823 nos legaron una de las frases más potentes de nuestro patriotismo: «Si mil vidas tuviera, dichoso las daría por mi patria». Una entrega absoluta que contrasta abiertamente con el pragmatismo oportunista y la defensa de intereses particulares que hoy imperan en gran parte de la clase política que está por asumir las riendas del Estado.

La figura de Olaya nos recuerda que las instituciones y la patria se defienden con integridad, no utilizándolas como botín de negociación.

La Iglesia ante el espejo: El llamado a la neutralidad

Por otro lado, la celebración de San Pedro como la piedra angular de la Iglesia Católica y el liderazgo papal nos obliga a mirar el rol de la fe en la sociedad actual. El Perú se encuentra a las puertas de una nueva etapa gubernamental bajo el liderazgo de Keiko Fujimori, un periodo que requerirá de mucha sabiduría y guía para sanar las heridas de una segunda vuelta sumamente polarizada.

En ese escenario, es fundamental que la Iglesia Católica actúe recuperando su verdadera esencia pastoral. En los últimos tiempos, diversos líderes eclesiásticos han sido objeto de severos cuestionamientos debido a una aparente inclinación o activismo político, lo que ha desdibujado su rol como agentes de cohesión y reconciliación nacional.

La fe no debe ser instrumentalizada para validar un bando ni para azuzar enconos. El nuevo Ejecutivo necesita un árbitro moral independiente, no una institución alineada con consignas partidarias.

Que este día de San Pedro y San Pablo sea el motivo ideal para que las familias peruanas encuentren un espacio de unión, y para que nuestras próximas autoridades sean iluminadas con la prudencia necesaria para gobernar. El Perú no necesita más trincheras; necesita la fidelidad cívica de Olaya y la solidez institucional para no terminar de naufragar. ¡Feliz día del pescador y de la fidelidad a la patria!