EDITORIAL: Censura a la vista y el costo de la soberbia gubernamental

Por: Redacción Arena Digital Noticias

Lima, 24 de septiembre de 2026

La inminente censura contra el ministro del Interior, general César Astudillo, impulsada por los parlamentarios de oposición, no es un hecho aislado. De prosperar, representará un duro golpe político para el gobierno y la confirmación de que las torpezas cometidas por el gabinete de Luis Galarreta le están pasando una rápida y costosa factura.

El Ejecutivo ha pecado de un exceso de confianza y de una aparente soberbia en su manejo inicial frente a uno de los problemas más urgentes del país: la inseguridad ciudadana.

La gestión de esta crisis ha estado marcada por la improvisación. Desde el inicio del gobierno hubo posiciones encontradas respecto a la permanencia del general PNP Óscar Arriola en la Comandancia General. A esto se suman las declaraciones imprudentes ante la prensa por parte del general PNP Víctor Revoredo, las cuales proyectan un falso protagonismo frente a hechos de extrema gravedad, dejando en la ciudadanía la peligrosa sensación de que se intenta ocultar la verdad.

El desatino no es exclusivo de los mandos policiales. Las declaraciones del ministro de Defensa, Rafael Belaunde, frente al cruento atentado en Trujillo —que dejó cuatro personas asesinadas y un empresario minero secuestrado—, no hicieron más que ratificar una alarmante falta de manejo político.

Más preocupante aún es la postura de la propia presidenta de la República. Al respaldar incondicionalmente las versiones de la Policía sobre el caso trujillano, obviando el rol constitucional del Ministerio Público como defensor de la legalidad, Keiko Fujimori proyecta la imagen de estar siendo mal asesorada o desinformada. Peor aún, da la impresión de avalar un intento por alterar una verdad que fue evidente para toda la población.

En esta cadena de errores, las idas y venidas del ministro Astudillo han sido determinantes. Su terquedad al avalar al comandante general Arriola frente a los cuestionamientos, el uso de cifras para aparentar gestión y su intento de escudarse en la legislación que garantiza dos años en el cargo al jefe policial, solo han demostrado una profunda falta de liderazgo y capacidad de decisión.

A pesar de la experiencia política que se le atribuye a Fuerza Popular, el gobierno parece haber caído en un abismo de arrogancia. El Poder Ejecutivo se está exponiendo innecesariamente a crisis generadas desde su propio interior, una vulnerabilidad que la oposición ya está demostrando saber capitalizar, sembrando dudas sobre si fue una buena decisión elegirlos como la primera fuerza política del país.

El balón está ahora en la cancha de Keiko Fujimori. La implementación de correctivos y un cambio de timón son imperativos; es evidente que su actual círculo de confianza no la está ayudando. Por el bien del país, y por el peso político de su propio apellido, urge una rectificación inmediata para devolverle a la población la seguridad y la certeza de que este gobierno, que recién inicia, sabe gobernar.